La sala de urgencias de los hospitales se colapsa. No atendemos a las peticiones de nuestro cuerpo y nuestra alma y después dejamos esa falta de responsabilidad en manos ajenas, buscando la solución en una medicina que nos cure o en el buen hacer de un especialista, para después volver a nuestras vidas y no cambiar nada, no alterar el camino que me llevó hacia allí.
Me preguntaba el otro día sobre que terapia lo curaba todo o que terapia era mejor. Meditaba sobre muchas que conozco profundamente, otras un poco y algunas sólo de oídas.
Ninguna terapia lo cura todo, ni es milagrosa, ni sirve de nada si no te despierta.
La terapia que te recuerda quien eres, que eres un ser de luz, inmortal y que estás conectado con todo y todos, esa es la que necesitas.
El camino, la senda o la autopista que te lleva a todo esto es el amor. Si tú miras el amanecer y no lo sientes, si ves a los demás y no lo sientes o si te miras al espejo y no lo sientes, si el amor no se refleja, no llegas a esa conciencia. Tu terapia no sirve. No porque la terapia no sea buena, si no porque no es la adecuada para ti.
Cuando eres consciente de tu luz, todo se relativiza, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Todos sufrimos porque forma parte de nuestra esencia humana.
Otra cosa es lo que sentimos ante el sufrimiento.
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