La Muerte
La muerte, culpable de todos los designios del Hombre.
Culpable de separar millones de moléculas de sentimiento, de amor, de felicidad.
La muerte, tan déspota traicionera que se ríe de nuestro penar, aquella que goza de nuestro sufrir. Fiesta a la que jamás se invitó, pero que aquel disfraz cubrió y permitió ingresar...
Se fue de repente y quitó los ánimos de todos a quienes a ella la rodeaban y sonrió, entonces todos aquellos que presenten se encontraban dijeron un día: -¿Por qué a mí, por qué?
La muerte carcajeaba en su sillón, disfrutando de tanta ignorancia.
Cada cierto tiempo esta señora visitaba aquel lugar, justamente cuando ya no podía sonreír con tales ganas... Así repitió su jornada por mucho tiempo, una y otra vez, hasta que el dolor que tanto la satisfacía arrebató los límites de su capacidad y también a ella la hicieron sufrir. Y lloró entonces, por primera vez lloró, y con ello, su esencia se desvaneció y se concibió débil hasta el punto de desaparecer...
Sin embargo, alguien se acercó lastimosamente y le dijo: ¿Qué os pasa, acaso no os alegráis con aquel dolor? -¡No! - Dijo aquella dama harapienta. -Algún día viví con esto, pero esto sobrepasa mis demarcaciones y gozar más no puedo, entonces prefiero no sufrir y entregaros aquello que a mí ahora me hace tanto mal. Pensó.
El infierno no soportó tal traición y a la muerte de su sitio despojó; el cielo se hizo cómplice de tal suceso, aunque al tiempo reaccionó debido al caos que la vida sin fin ocasionó. Con su increíble poder pudo conseguir también, el perdón de la muerte ante los jueces del Vergel.
Hasta entonces, muchos gozaban de tal incoherencia eterna, sin embargo, y debido al desbarajuste condensado, hoy volvían a establecerse las leyes de la vida y de la muerte; ahora de una manera magna, incomparable. Haciendo de aquella harapienta y moribunda dama, una hermosa princesa,
no del averno sino del indestructible cielo.
Desde ese día la muerte le pertenece a las suaves alturas...
Así fue como la muerte traicionó al infierno y se quedó para siempre del lado anverso
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